A sólo 35 kilómetros de José Ignacio, Francis Mallmann y Manuel Mas continúan haciendo patria con el Garzón, su posada restaurante, objeto de delicias de todos aquellos parroquianos que se dejan llevar hasta esas latitudes.

Sin duda, Francis Mallmann es uno de los mejores chefs de la Argentina. Se especializó en Europa con expertos de la talla de Raymond Oliver y Roger Vergé. Pero, además, manejó las cocinas de los mejores restaurantes en distintas partes del mundo, como Punta del Este, Estados Unidos y San Pablo.

En Buenos Aires tiene su propio restaurante, Patagonia Sur, ubicado en el tradicional barrio de La Boca. Y en la provincia de Mendoza, 1884, elegido en el séptimo lugar entre los mejores del planeta según los periódicos británicos The Times y The Telegraph. Francis siempre impresionó por su instinto nato a la hora de descubrir nuevos territorios y desplegar toda su creatividad e ingenio. Cada uno de sus proyectos es suceso instantáneo, gracias a la pasión que les imprime.

En plenas serranías uruguayas, Garzón es su ejemplo más reciente. Allí se enamoró del antiguo almacén de ramos generales, en una esquina frente a la plaza del pueblito y lo transformó en una exquisita posada-boutique con cinco habitaciones y un restaurante privado. Contagió todo su fervor a su fiel amigo Manuel Mas y, juntos, generaron ambientes íntimos y envolventes, repletos de elegancia y buen gusto, vistas a paisajes únicos y todo eso acompañado de platos con sello de autor. ¿Qué más pedir?

Arquitectura original, un comedor iluminado sólo con velas, jardín de invierno que hace las veces de living y biblioteca, cocina a la vista, huerta y jardín con piscina. El 20 de diciembre de 2004 fue su bautismo de fuego y el boca a boca lo puso de moda hasta en los rincones más recónditos del planeta. “Una mañana, hace como 20 años, cuando subíamos con mi amigo Guzmán a las Sierras en busca de piedras calizas, me hizo descubrir este pueblito completamente quedado en el tiempo, casi pueblo fantasma. Le conté mi sueño a Manuel, gran emprendedor, y juntos nos embarcamos en tamaña aventura. Aquí aprendo cosas que creía olvidadas.”, cuenta ahora Francis.

El pueblo de Garzón fue fundado en 1892 por el viajero Fermín de León. En sus comienzos, actuó como cambio de postas entre el Arroyo Garzón y el Camino Real que llevaba al pueblo de Rocha, donde el Gobernador Vicente Garzón tenía un saladero. Hasta el año 1940 tuvo un Molino que concentraba la principal actividad de la zona y unos dos mil habitantes. Actualmente, sus doscientos habitantes están principalmente dedicados a la actividad rural y a la explotación de las canteras de granito gris que tienen tanta presencia en las construcciones de la zona. La plaza del pueblo es de cuidado diseño simétrico con sus viejas y sombreadas palmeras que enmarcan la recuperada Capilla y el Club Social.

Dado el espíritu bohemio que ha adoptado el pueblito desde el desembarco de Francis y Manuel, varios artistas plásticos han recalado allí, dedicados a la pintura y escultura. Tal es el caso de Anne Marie, una francesa de pura cepa que actualmente se encarga de diseñar todos los frisos en arcilla que requiere el pueblo y, además, enseña con empeño su ardua labor a todos los pueblerinos.

Otro viajero frecuente que recala de tanto en tanto en Garzón, es el paisajista británico devenido en artista multimedia Martin Summers, quien con sus acuarelas digitales en base a fotografías deleita a los parroquianos y se ha transformado en auténtico fan de la cocina de Francis. "Es común que nuestros huéspedes se vuelvan amigos con el tiempo y deliren con nuestro menú que rinde homenaje a la cocina regional. Estuve en áreas remotas y ranchos cercanos a la sierras para encontrar los ingredientes principales de la cocina local en su estado natural. Los pescados de la costa brillan en nuestra carta. El fuego de leña da carácter a nuestros platos utilizando el horno de barro, la parrilla y el infiernillo como técnicas de cocción. Las hierbas de nuestro jardín, con el mejor aceite de oliva son la sazón de nuestras recetas. Nuestra cava tiene una fuerte presencia de vinos uruguayos y argentinos”.

Obviamente, los vinos de Finca La Anita son los preferidos. Varietales puros, elaborados año a año con lo mejor de cada cosecha. Producciones limitadas, exiguas y discontinuas que obedecen a los caprichos de las vides en cada añada. Sólo uvas de exigente selección, en las mejores vendimias, son vinificadas para Finca La Anita. Luna es el nombre elegido para los vinos elaborados con las mismas técnicas que Finca La Anita, de cosechas alternativas y que, como los seres vivos, poseen un alma propia, individual y misteriosamente distinta, como la luna. En cambio, los Hermanos Mas reservan Finca para la vendimia en que coinciden en excelencia sus variedades y producen un vino de corte, grande, de raza.

¿La novedad de esta temporada? A escasa distancia del pueblo se pueden admirar las Sierras de Garzón, que contrariamente a la costa uruguaya, fueron cubiertas de árboles foráneos, autenticidad en flora y fauna de la zona. La cadena de sierras se encuentra justo detrás del pueblo y dan nacimiento al arroyo de José Ignacio y sus afluentes. Allí, entre pequeñas cascadas y cerrados montes de coronillas y cardos, Francis inaugura en breve Ojo de Agua, su nueva aventura. Un sistema de carpas montadas en medio de la naturaleza con servicios deluxe, que incluyen mayordomo y cocinero exclusivo. Y todo por u$s 3.000 promedio la noche por pareja.

Seguramente, no va a ser difícil ver a Francis disfrutando de sus ratos de ocio, escuchando música clásica, tocando la guitarra o escribiendo poemas. Sierras, campos y playas de Uruguay conjugados con cocina sencilla de autor y excelente vinos. ¿Qué más pedirle a esta vida?

fuente: CUISINE&VINS, por Tomas Crown

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